4 de mayo de 2011

Tercera Parte

No importa el pecado de los padres si los hijos hacen bien. No se puede pagar por los pecados de otro, pero si se puede vivir con la consecuencia de los actos de este. Esto no es castigo, sino la guía de la vida de causa y efecto. Solo se puede salir de ella por las propias decisiones y actos. Cuando sobrepasen el nivel del mal cometido, entonces podrán liberarse del camino adverso y podrán llevar una vida con mayor paz.

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